17 de diciembre de 2013

São Paulo, el corazón del grafiti


Grafiti de Migrela, en São Paulo.

Las ciudades se escuchan más allá de las voces de su gente. La arquitectura y el cemento también transmiten mensajes; en ocasiones la piedra, con su silencio, habla más que la carne.

Tal vez ese sea el caso de São Paulo, donde una muestra de contracultura se ha hecho a un lugar en la cultura, las palabras han sido reemplazadas por aerosoles de múltiples colores, y el grafiti se han colado por todos los rincones de esta ciudad.

No se trata de que el número de grafiteros sea proporcionalmente mayor que en otras partes del mundo, sino que esta forma de arte urbano ha sido bien recibida por un segmento importante de la población a tal punto que en el norte de la ciudad, en la avenida Cruceiro do Sul, un grupo de artistas pintó más de 60 paneles creando, en 2011, el primer Museo Abierto de Arte Urbano de São Paulo (MAAU).

Grafiti de Alto Contraste, en São Paulo.

Aunque São Paulo no escapa a las tensiones entre los artistas y la oficialidad en materia de control del espacio público, los primeros son quienes ganan el pulso. Mientras en unas ciudades los artistas tienen que huirle a los propietarios de los edificios pintados o a la policía -nada más recordemos que a Banksy, en su periplo por Nueva York fue señalado de bandalismo-, los paulistas facilitan las fachadas de sus casas para que un grafiti inunde de color el ambiente, además de hacer fuertes críticas al sistema económico, político y social brasilero.

Dos barrios concentran lo mejor del grafiti en São Paulo: Vila Madalena y Vila Santana, donde artistas como Nunca, Carlos Días, Os Gemeos, Onesto, Pato, Nina y Minhau, entre otros, exponen sus obras.


Pimp My Carroça
"Un recolector hace más que un ministro de Medio Ambiente" -
Pimp My Carroça

El movimiento cultural asociado al grafiti no se ha limitado a llenar de colores los muros de una ciudad abierta a estas manifestaciones. Los grafiteros han extendido su experiencia a algunas de las personas más necesitadas de la ciudad.

En 2007, Thiago Mundano decidió a pintar los carros de los más de 20.000 recicladores de São Paulo. "Me di cuenta de que esas personas son invisibles, nadie las mira", dijo Mundano a El País.

En un inicio el propósito era pintar 100 de esos carros, pero la experiencia se extendió a dotarlos con elementos de seguridad, así como jornadas en las que se les ofrece consultas médicas, ropa y alimentos a los recolectores. Así nació Pimp My Carroça.

Pixação, la otra lengua
El discurso socialmente aceptado del grafiti enfrenta allí mismo, en el corazón de São Paulo, otra forma de hablar de la ciudad, tan particular como el mismo acento paulista.

Se trata de la pixação, una escritura nacida en los 80 que se basa en letras de un solo color, alargadas, puntiagudas, enrevesadas; una escritura hecha para gritar con grafías de alfabetos bárbaros. Busca llamar la atención de la sociedad aunque no lo entiendan.

Los pixados, como son llamadas estas intervenciones, alcanzan lugares que los más avezados grafiteros evitan: las cornisas de los edificios, los muros más altos, los bajos de los puentes, en una guerra por colonizar los edificios. No importa el lugar, cuanto más alto y arriesgado, mejor.

Esta expresión artística fue la protagonista de un minifilm de una marca de ropa deportiva donde se puede ver que más que expresar, marcar un territorio es la consigna. 



Es un lugar común describir a las ciudades como selvas de cemento; espacios grises, tristes y sin vida. Tal vez ese cliché sea útil a la hora de enganchar a lectores depresivos, pero cuando viaje a São Paulo y levante su mirada se dará cuenta de que, por lo menos allí, no es cierto.

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